Lost in Translation

24 agosto 2026

Entre Humano y IA

La inteligencia artificial nos ayuda a ir más rápido, más lejos y, a veces, incluso con mayor precisión. Pero, al confiarle nuestras palabras, nuestras ideas y una parte de nuestro juicio, ¿qué conservamos realmente de nosotros mismos?

Mientras el progreso nos golpea y la onda de choque de nuestro propio avance nos divide, algo parece cierto: escapar de la inteligencia artificial se ha vuelto casi imposible. La pregunta ya no es cómo evitarla, sino qué lugar queremos concederle sin perdernos por el camino. Como el Tokio de Bob y Charlotte, fascinante pero extraño, rodeados de informaciónes que se nos escapan al momento que intentamos captarlas, conversamos con sistemas cada vez más inteligentes. Les cedemos más y más espacio en nuestras vidas y corremos el riesgo de perdernos en los limbos de un mundo entre lo humano y la IA. Nuestra singularidad, nuestro espíritu crítico, nuestra creatividad, nuestro pensamiento propio y nuestro juicio parecen cada vez menos tangibles. Todo lo que nos convierte en individuos únicos se pone a prueba en esta nueva relación con la máquina.

En numaH no podemos negar el impacto positivo que la IA ha tenido en nuestro trabajo. Gracias a la cantidad de información que ahora podemos procesar, hemos ganado en calidad, detalle y precisión. Más que un aumento de productividad, la IA nos ha permitido ir más lejos.

Lo constatamos en nuestras búsquedas de candidatos, en nuestras reflexiones y en la redacción de nuestros informes de Executive Search y Talent Management. La IA también nos ha permitido estar realmente presentes durante las entrevistas: liberados de la toma de notas, podemos concentrarnos plenamente en el candidato y formarnos una impresión más justa.

Por lo tanto, no hablaremos aquí de los beneficios y ventajas que puede aportar la inteligencia artificial, sino que exploraremos la otra cara de la moneda.

Y si al principio todo esto nos parecía una revolución, un nuevo mundo que se abría al infinito, una vez pasada la exaltación de todo lo que se había vuelto posible, empezamos a notar otra cosa. Poco a poco, la unicidad y la personalidad de nuestro trabajo, pero también de nuestros informes, parecían desvanecerse. Nuestro chispa y nuestra individualidad fueron dejando paso progresivamente a una forma de homogeneización que recuerda a las ovejas de Tiempos modernos de Charlie Chaplin. Casi un siglo antes, Chaplin ya cuestionaba el lugar del ser humano en un mundo cada vez más industrializado.

Hoy, lo que hemos empezado a industrializar es el pensamiento.

A medida que utilizamos las mismas herramientas, los mismos modelos y, a veces, los mismos razonamientos, corremos el riesgo de ver converger nuestras ideas. Poco a poco dejamos de confiar en nuestro propio juicio. Nuestra creatividad se borra detrás de la necesidad de validación. La máquina, destinada a enriquecer nuestra reflexión, empieza a darle una dirección, y comenzamos a seguir el movimiento que nos dicta.

Pero en la película de Chaplin, la cuestión va más allá de la simple deshumanización del trabajo vinculada a la industrialización. Interroga el lugar del progreso en nuestras vidas y su relación con la felicidad. Porque si el progreso se confunde a menudo con la felicidad, no deja de ser un falso sinónimo. ¿Qué lugar ocupa en nuestras vidas? O, más bien, ¿qué lugar le dejamos ocupar?

El progreso se inscribe en una necesidad profundamente humana de libertad, porque gracias a él podemos emanciparnos de ciertas limitaciones, mejorar y llegar más lejos. Sin embargo, aunque el progreso pueda aportarnos más libertad, la realidad parece a veces más matizada.

Como una adicción, la IA se ha vuelto indispensable en nuestra vida cotidiana. Y el precio del espacio que le dejamos es una parte de nuestra humanidad. Nos convertimos en uno más entre tantos, con nuestras decisiones orientadas por el mismo algoritmo, si es que todavía puede hablarse de decisiones. El progreso ha acelerado nuestras vidas y parecemos correr tras él, pero ¿qué queda del sentido?

Nos convertimos en hombres, y cada vez menos en humanos en el sentido platónico del término, y ya no parecemos saber cómo ser. Como los prisioneros de la caverna de Platón, podríamos terminar confundiendo las representaciones con la realidad, la información con la comprensión y las respuestas con el conocimiento. Hemos vuelto a la caverna de la ilusión y debemos reaprender a salir de ella.

Desde el principio de los tiempos, el progreso ha sido cuestionado por la sociedad. Quizá, sin embargo, deberíamos interrogarnos menos sobre el progreso en sí que sobre nuestra capacidad para gestionar el cambio. ¿Cómo oponerse a algo que nos hace mejores, más inteligentes y más rápidos? Cuando oponerse a ello se vuelve casi una ilusión, debemos aprender a avanzar con él, sin abandonarnos a él.

El verdadero desafío para las empresas no es la IA, sino preservar la inteligencia humana dentro de sus equipos. Porque en un mundo en el que todos disponen de las mismas herramientas, la ventaja pertenece a quienes todavía saben pensar, decidir y crear con individualidad.

El desafío no consiste en renunciar a la tecnología, sino en devolverle su justo lugar. Hay que desarrollar el espíritu crítico de cada persona y aprender a dejar a la herramienta el lugar que le corresponde. El de una herramienta. Porque, utilizada con discernimiento, la IA puede convertirse en un formidable motor de creatividad y aprendizaje.

En numaH hemos decidido ser más sensibles a este límite, porque nuestro trabajo es esencialmente humano. Consiste en comprender a las personas, su potencial y su lugar dentro de las organizaciones. No entregamos a nuestros clientes simples análisis, sino una comprensión humana. Es esta comprensión la que nos esforzamos por aportar a nuestros clientes, para acompañarlos de la mejor manera posible en sus decisiones.

Como un secreto susurrado al oído, aprendamos a guardar aquello que solo es nuestro.

(Al final de Lost in Translation, Bob le susurra a Charlotte un secreto que el espectador nunca llegará a escuchar.)

Por Bérénice Depeursinge Librandi

Imagen de Bérénice Depeursinge

Bérénice Depeursinge

Bérénice Depeursinge cuenta con experiencia en consultoría, branding, diseño gráfico y comunicación creativa. Desde 2021 trabaja como creativa y diseñadora gráfica freelance y se incorporó a numaH.world como Junior Consultant en 2025. Estudió interpretación y artes cinematográficas en Florencia y cuenta con una trayectoria internacional entre Suiza, Italia y Corea del Sur. Habla con fluidez francés, italiano, inglés, alemán y español, y posee conocimientos prácticos de coreano.